Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

Al atardecer

...al atardecer solíamos quedarnos en el más puro de los silencios, contemplando las últimas embarcaciones que zarpaban a destinos desconocidos y que dejaban a la deriva almas sin consuelo.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario