Nunca he tenido ningún tipo de resentimiento hacia el destino, puso a las personas adecuadas en mi camino, algunas me enseñaron el significado del amor, otras a que no debo entregar demasiado el corazón. Aprendí que examores no son errores porque a pesar de todo suelen dejar unas lecciones, que los tropiezos hacen que cada vez duelan menos las caídas, que al final siempre llegan a sanar las heridas, que nada se olvida, pero que debemos recordar solo lo que en su momento alegró nuestra vida. Aprendí que nada puede golpearme, a menos que yo lo permita. Y sobre todo aprendí que antes de amar a alguien debo aprender primero a amarme. Y es que cuando uno aprende a amarse, son pocas las cosas que logran lastimarte.
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