Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

El amor

El amor no se mide por el número de veces que la boca lo proclama. Se mide en milésimas de segundo, donde los ojos se encuentran cada. vez como la primera. En las manos calladas que se buscan, se entrelazan y forman un refugio donde quedarse dormidas al saberse ya completas. Y en ese sueño los dedos se aprenden, se reconocen, y cada huella le cuenta a la otra que es tan única en el mundo como el amor de los dueños de sus manos.

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