Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

Tu musa

Convéncete primero de que le caes simpático, de que lo pasa bien cuando sale contigo.
Llévala a casa luego, sírvele un par de copas y, en un momento dado, mordisquéale el cuello.
Unas veces querrá pasar al dormitorio,
otras alegará una indisposición y otras te contará su vida por entregas.
Muéstrale en cada caso la dosis de cariño que te pidan sus ojos. Sé generoso siempre.
Trata de conservarla como sea a tu lado.
Sin ella, sin tu musa, no eres nadie, poeta.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario