En las noches de viento, al encender mi cigarro espero paciente a que cese la brisa. Hay un segundo o dos entre ráfagas donde el fuego sobrevive un instante para hacer lo suyo; quemar y encender, matar o iluminar. Entonces, en la primera bocanada te pienso, y no sé si eres el fuego o el viento, o la noche oscura que se apaga entre mis dedos.
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