Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

Sin despedida

Algunas tardes quisiera recitarte como si fueras madera y a la vez tinta,
como si el viento mesiera tu cabello 
y los pájaros posaran para ti.

Que te huela desde lejos 
y te sienta tan cerca casi hasta llenar este vacío. 
y mientras el vaivén de mis ojos 
se inclinan hacia mi.

Que te bese y se esfume mi silencio 
y cobraras vida 
y cicatrizaras tanta soledad.

Algunas tardes, como antier, como ayer, y sobre todo,
aceptar que hoy me queda claro 
que entre tu recuerdo y mi amor, nunca hubo una despedida.

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