Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

Hasta la muerte

Admito que te extraño horrores, que te deseo endiabladamente, que a mis brazos Ie hacen falta tus brazos, que a mis besos Ie falta tu cuello, que a tu vientre Ie faltan mis insistentes manos; estar lejos de ti se está convirtiendo en una especie de coágulo repugnante, absurda distancia como si ella supiera, y no tiene ni la más remota idea, irremediablemente te quiero, tanto como que te necesito, una y otra vez te necesito, hasta la muerte.

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