Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

No podemos abandonarnos, 
nos aburrimos mucho juntos, 
tenemos la misma edad, 
gustos semejantes, 
opiniones diversas por sistema. 

Muchas horas, juntos, 
apenas nos oíamos respirar 
rumiando la misma paradoja 
o a veces nos arrebatábamos 
la propia nota inexpresada 
de la misma canción. 

Ninguno de los dos, empero, 
aceptaría los dudosos honores 
del proselitismo.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario