Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

No siempre

No siempre 
que la casa duerme, 
duermo.


A veces, en la noche, 
soy como un trompetista 
con los ojos abiertos.


Pero eso si, 
cada vez que llueve, 
yo lluevo.

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