Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

Dos canciones de amor para el otoño

I
Cuando ya nada pido
y casi nada espero
y apenas puedo nada
es cuando más te quiero


II
Basta que estés, que seas
que te pueda llamar, que te llame María
para saber quién soy y conocer quién eres
para saberme tuyo y conocerte mía
mi mujer entre todas las mujeres.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario