Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

TE CONOZCO SEÑORITA

Te conozco, señorita. Aunque a veces te ocultes tras tus silencios impenetrables, aunque uses otro perfume y cambies el color de tu cabello con la misma frecuencia que cambias de serie. Conozco tu sombra cuando se alarga en el asfalto con las luces de las farolas, y cuando se desvanece al fundirse con la noche de este otoño. Conozco tus labios cuando desapruebas algo y los tuerces, y tu lengua de bailar con la mía en ese espacio donde no cabe nada más que el cielo que se crea cuando dos bocas se juntan. Conozco tu mirada de alegría, tu mirada de miedo, la de cansancio, la de ilusión y, mi favorita: la de placer. Conozco tu piel, de poro a poro, palmo por palmo, porque todas mis vacaciones las paso ahí, recorriendo el kilometraje de tus costas, tus playas, que veo siempre como el primer día. Conozco el sabor de tus texturas, el punto exacto donde un beso te quita todo asomo de decencia, todo soplo de ternura. Conozco tus manos cuando tiemblan, cuando exploran, cuando descubren y sanan. Nunca te he visto enojada como si la ira te consumiera por dentro; traes la calma con cada sonrisa, conviertes en paz todas mis guerras, con sólo mirarme. No sé cómo lo haces.

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