Para mi tu voz lo es todo, y tu sonrisa inundando mi vida, con esa casualidad predestinada a iluminar el camino que me lleve hasta tus piernas. Yo no sé si hice bien al quererte, solo sé que un día te encontré y entonces algunas grietas de mi alma rota de pronto quisieron juntarse; la tristeza desancló sus garras de mí el día en que te vio y supimos, los dos, que se le había acabado el tiempo. Todavía no sé como lo hiciste, pero ahí me tenías: un perfecto idiota queriéndote con el alma hecha pedazos, cuando ya las vistas a su interior tenían las ventanas empañadas de invierno.
Yo no creía en nadie, pero creí en ti, porque nadie me había sonreído tan bonito, ni me había hecho sentir tantas explosiones dentro del cuerpo al mismo tiempo; me cazaste la atención al vuelo y, luego del primer intercambio de palabras, el resto de mi mundo cedió a ti con la inercia del efecto dominó: me sorprendí a mi mismo abriéndote puertas que a otras les cerré en la cara. Era bonito saber que existía alguien que tenía miedo de perderme.
Porque yo nunca supe como encontrarme del todo, y porque ya le había perdido el rastro a una felicidad que me cambio por otro, como si fuese un objeto desechable. Así me sentía antes de que llegaras. Antes, incluso, de que me dijeras que en mí encontraste al hombre que pasaste tantas noches idealizando. No te he dicho todavía que la fortuna más grande para una persona como yo es tener a alguien con la capacidad de encajar en todos mis deseos. Porque, vamos, eres preciosa. Preciosa como saber que existe la magia sin truco. Como saber que por mucho que el miedo me aprisione no voy a quedarme solo de nuevo.
No sabes la cantidad de veces que he deseado que nunca amaneciera, cuando el alba me sorprendía acariciando con mis ojos tus curvas, el perímetro de tu cuerpo, centímetro a centímetro, mientras tu respiración le ponía banda sonora a mi silencio. Pensaba entonces que era imposible que hubiese otro hombre en el mundo con mucha más suerte que yo, pues, teniéndote cerca, resulta imposible imaginar alguna catástrofe.
Me has quitado las ganas de regresar al pasado. Te has quedado a vivir en esta ciudad de mi vida, desprovista de playas, donde solo hay frío eternizando los inviernos. Creo que todos tenemos una estación prolongada en nuestro interior, y que dura a veces más que nuestra propia voluntad para acabar con ella. Pero también sé que algunas personas vienen de noche y hacen que de un momento a otro amanezca y el frío se disipe con el solo acto de su presencia. Tú eres una de ellas. Te estas quedando con el tiempo de la mejor parte de mi vida. No me lo devuelvas. Jamás.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario