Sé que todo cambia, que a veces es inevitable ver al espejo y no saber en qué nos convertimos. Pero he aprendido —no sin cierta culpabilidad por la tardanza que las cosas que planeamos no siempre han de salir como esperábamos, porque al cambiar nosotros, cambia también nuestra visión del mundo, nuestras metas, nuestras motivaciones y, por supuesto, nuestros objetivos. Si hoy somos felices no necesariamente es porque hemos logrado lo que queríamos hace años, sino porque hemos sabido apreciar lo que el camino ha tenido a bien ofrecernos.
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