Soñé con tus pechos
glorificando mi lecho;
con tu cuerpo blanco
obligándome a ser franco,
y te confesé, desde el pecho,
que he vivido maltrecho
y que estoy más flaco
sin beber de tu blanco.
Que sólo bebo del techo
lo que cae a mi lecho:
gotas color carmín
que me mojan el cuerpo
y me dejan tuerto,
viéndote sólo sin mí.
Seguido, tu boca roja
y mi boca negra
se besan sin ropa
y se comen las lenguas
y te extraño más de la cuenta.
Pero no importa; sí tus caderas
encima de las mías que tiemblan
por escribir el recuerdo
de un recuerdo que muerdo
cuando mi pecho te ansía
y mis manos me guían
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