Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

YO, QUE ME DECÍA QUE NO HABÍA DEFINICIÓN DE PERFECCION...

Yo, que me decía que no había definición de perfección que resultara suficiente para saciar la sed que me agobiaba. Yo, que coleccionaba conversaciones a solas, pensamientos que me aturdían y esas malditas ganas de no volver a salir nunca. Que vivía solo, encerrado, con las luces apagadas y sin que nadie reparase en mi presencia. Yo, aquel que tenía por verdugo al espejo, me dije que era imposible mirarte a los ojos sin sentirme afortunado. Porque cuando te vi lo entendí todo, que eras esas ganas que tenía de conocer el mundo por el lado mas bonito. Y a mi me aterraba la idea. Muchos ya me lo habían dicho: «El mundo esa mala noticia que aparece en los diarios todos los días, en portada y con mención de honor». Por eso no leía los diarios, porque tenía miedo y, la verdad, lo sigo teniendo. A la gente le gusta el morbo, me decía. Pero nadie, de seguro, te conoce como yo te conozco. Y tienes esa capacidad increíble de hacerle pensar a uno que en este mundo nadie ha muerto. 

Me dio ganas de salir cuando te vi. Aún cuando estabas lejos supe que eras tú: esas esperanzas que a uno nunca le llegan en vida. Por eso tenia miedo también, porque pensé que al verte yo ya estaba muerto, pero luego reí y sentí unas ganas enormes de abrazarte. Quería saber si era cierto que tus labios no solo forman sonrisas perfectas, sino que también pueden a uno resucitarle de una muerte imprevista. Porque viniste como un accidente, y desde entonces no he olvidado tu nombre. Tampoco he olvidado el día en que te atreviste a entrar y encender la luz mientras yo me desvanecía en un rincón. Cerraste la puerta, abriste las ventanas e iluminaste mi vida. Mi vida, ¿lo entiendes? Mi vida, que era vacía y sin sentido. Me abrazaste, luego vi tus labios y, después de sentirlos, supe que algo en mi había resucitado. Supe que tu piel tenía ese calor que me bastaría sentir en invierno. Supe que no iba a querer irme de tu lado nunca, porque para entonces ya había decidido que tu sonrisa era la única que deseaba ver al abrir los ojos por el resto de mi vida. 

Ellos siguen diciendo que en el mundo lo que menos existe es felicidad. Pero yo sé que mientras estés a mi lado todo se resume en contradicciones, las benditas contradicciones a las malas noticias, a la muerte, a la soledad y la tristeza. Te tomo las manos y comprendo que siempre te estuve esperando, que eres tú quien algún día iba a rescatarme. Que me digan que no existe la perfección, y esta bien, pero tú eres lo que más se le acerca. Y si me preguntan qué es lo que mas me gusta de la vida, la respuesta serás tú. Siempre tú. 

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