Es cierto que los grandes amores llegan sin avisar, silenciosos, insospechados; que aparecen como de la nada, porque están camuflados por ahí entre el ruido de los días, entre la niebla de las ocupaciones; que comienzas a reconocerlos porque con su presencia te alegran el día y, al poco tiempo, los comienzas a extrañar; que cuando menos lo piensas ya son parte de tu vida, no se salen de tu cabeza, no te los sacas del corazón; que se va haciendo imposible escapar de lo que te despiertan, pero tampoco hace falta porque con ellos te sientes seguro. Es cierto que los grandes amores llegan sin avisar y que, si los cuidas, pueden ser para siempre.
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