Moría de ganas
por decirle ¡te extraño!,
por salir a buscarla
y pedirle una última oportunidad
de ser parte de su vida,
de robarle un beso
y que mis labios le pudieran hacer
entender a los suyos cuánto la amaba.
Moría de ganas por verla,
por deleitar mis ojos con su belleza,
por alimentar mi alma con su sonrisa.
Moría de ganas por abrazarla a mi pecho
y nunca, nunca más dejarla ir de mi vida.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario