Es ese instante en que el alma se estremece, no por miedo, sino por la sorpresa de lo desconocido que se instala con suavidad, casi sin permiso.
Es caminar por senderos invisibles, donde cada paso revela un color distinto, una textura inédita, una melodía que no habías escuchado antes.
Es sentir el vértigo dulce de lo inesperado, la mezcla de duda y esperanza que se enreda en el pecho, y que te invita a mirar más allá de lo que creías seguro.
Descubrir nuevos sentimientos es un acto de valentía silenciosa, un salto al vacío donde el corazón se desnuda y se expone a la posibilidad de ser más, de ser otro, de ser nuevo.
Es entender que dentro de uno mismo hay universos enteros por explorar, y que cada emoción es una estrella que ilumina ese firmamento interior.
Y aunque a veces duela, aunque a veces confunda, descubrir nuevos sentimientos es el regalo más profundo que podemos darnos, porque nos recuerda que estamos vivos, que seguimos creciendo, que seguimos amando.
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