Cuando quiero intensamente a una persona, no digo su nombre nunca a nadie. Es como ceder una parte de ella. He aprendido a amar el secreto. Parece ser lo único capaz de hacer misteriosa o maravillosa la vida moderna para nosotros. La cosa más corriente puede ser deliciosa, si uno la oculta para sí. Cuando salgo de la ciudad ahora, nunca digo a nadie donde voy. Si lo hiciera, perdería todo mi placer. Confieso que es una costumbre tonta, pero en cierto modo parece aportar una buena dosis de romanticismo a mi vida. Supongo que usted piensa que estoy loco de remate, ¿no?
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