Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

Jarcia

Acomodo mis penas como puedo, porque voy de prisa.

Las pongo en mis bolsillos o las escondo tontamente
debajo de la piel y adentro de los huesos;
algunas, unas cuantas
quedan desparramadas en la sangre,
súbitas furias al garete, coloradas.
Todo por no tener un sitio para cada cosa;
todo por azuzar los vagos íjares del tiempo
con espuelas que no saben de calmas ni respiros.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario