Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

La postrera travesía

Las agujas se obstruyen
con lagrimas congeladas,
esperando en el andén
el tren de las esperanzas
Esta alma es el rehén
de mis tristezas dispersas
en este marchitado edén
del desdén de mis proezas
¿Lograré escuchar alguien
el dolor de mis heridas?,
dudo que las cosas cambien
para bien, no hay salidas 
Deslumbrantes luces vienen
pero ya no aguanto más,
ni los ángeles detienen
mi crimen de buscar la paz...

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