Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

Al final no los culpo.

Al final no los culpo.

Quizás a mi también me asustaría una mujer que le guste Sabina y disfrute de las cosas poco convencionales de la vida.

Que le gusten los libros, la trova, el sexo sin boda ( así como dice el flaco), amar, besar, los juegos sin reglas, las heridas con limón y sal.

Me asustaría una mujer que sienta en la piel el 20 de Neruda, que sea tan directa que duela, y con un alma tan ruidosa que aún en su ausencia su presencia se sienta.

Que le gusten los placeres, y que así como el Terror Días, le fascine que estos acaben con ella. No los culpo, en serio! 

Yo también huiría de una mujer independiente, sin miedo a decir lo qué siente y que le importe muy poco ser la primera en llamar después de la cita, la que pague la cuenta si van a cenar, o la que lleve el condón para no perder la acción.

Cualquiera se espanta de una mujer tan infierno, tan libre, tan segura, de esas que describió Garrido, de aquellas que llegan en silencio y dejan a su paso una tempestad, de las que nunca se van.

No los culpo, hasta yo huiría, si no supiera que con una mujer así, ¡es donde más cerca se está de la libertad!

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