Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

Quietud

Casi no roza la palabra
siquiera el borde de la luz
bajo la sombra de los mangos.


Todo
está inmóvil ahora, como a salvo
del tiempo que se va
-sesgado, a oscuras-
por el secreto de tus venas.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario