Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

Testamento

Habiendo llegado al tiempo en que
la penumbra ya no me consuela más
y me apocan los presagios pequeños;


habiendo llegado a este tiempo;

y como las heces del café
abren de pronto ahora para mí
sus redondas bocas amargas;


habiendo llegado a este tiempo;

y perdida ya toda esperanza de
algún merecido ascenso, de
ver el mar sereno de la sombra;


y no poseyendo más que este tiempo;

no poseyendo más, en fin,
que mi memoria de las noches y
su vibrante delicadeza enorme;


no poseyendo más
entre cielo y tierra que
mi memoria, que este tiempo;


decido hacer mi testamento.
Es
éste: les dejo


el tiempo, todo el tiempo.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario