Hay lugares a los que no pertenezco, situaciones que no quiero repetir, círculos sociales de los que no quiero hacer parte, vicios que prefiero de lejos y personas que voy a dejar ir, porque me da miedo, y es en serio, de los retrocesos que puedo tener si, de repente, empiezo a ajustarme a esos sitios, a esa gente, a esas costumbres que pueden ejercer fuerza en mí, porque los placeres arrastran, porque el vacío absorbe, porque lo superficial se impone, porque mi fuerza reside en retirarme para siempre de lo que no me aporta nada, y en aproximarme a aquello que me llena, me reconforta, me nutre y es bueno para mi alma.
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