La inevitable nostalgia de mirar el atardecer.
Ver el sol que antes abrumaba
con su imponente amarillo
enseñar, en la decadencia, sus verdaderos colores.
Un rojo cenizo: pasión que se sabe irrealizable.
Un azul espeso: mar que naufraga en el cielo.
Imposible no preguntarme
si la magia de las estrellas,
pasiones tan lejanas
serán capaces de iluminar
un corazón tan oscuro.
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