Hoy huele a trigo y café: en mi boca hay vida,
en la mesa palabras que se desvisten.
Mi madre cocina, amasa
un sueño en las manos.
Mi padre sostiene el periódico,
lee "el tiempo" a través de los lentes.
Yo como en mi plato historias, fotos y verbos.
Afuera ya no llueve, la claridad brota después:
Dios abre las nubes y deja ver las estrellas.
Los sapos croan en los temporales lagos
de la calle y el sonido de las gotas
que cae de los almendros.
Me pregunto cuándo acaba el tiempo.
O si el tiempo acaba al dejar de sentir.
No tengo ninguna respuesta.
Lo cierto es que cada palabra arde
cuando deja de ser instante
y vuelve a ser una habitación soleada.
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