Soy bastante torpe recordando nombres,
me gusta hablar con la verdad, me
cuesta mucho confiar y eso de
extrañar hace un tiempo que ya no
se me da.
Me han visto la cara de idiota un par
de veces, he muerto de rabia por
pequeñeces, en ocasiones prefiero
quedarme en silencio pero me es
difícil controlar mis gestos.
Tengo el alma accidentada, irracional,
y mi sonrisa no es nada convencional.
Tengo el corazón condenado y absuelto
al mismo tiempo, pero dispuesto,
siempre dispuesto a continuar.
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