Ya que siempre decimos nunca,
la vida es lo que nos pasa a cuentagotas.
Cae en pedacitos, como resistiéndose,
aquello que nunca pasa
para pasar siempre.
Así nos damos cuenta que las gotas
se cuentan chiquitas, chiquititas,
las gotas de las lágrimas que llegan siempre
cuando menos se esperan
y cuando no deseamos nunca.
Así la vida: pasajera y larga...
como larga es esa palabra llamada "siempre"
como tan corto es el "nunca".
¡Ah, pero cómo duele y cómo avanza!
Hasta que por fin nos quedamos en soledad
y nos decimos "siempre es así"
y nos repetimos "nunca he querido estar así".
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