Y entonces aprendí a encajar en su alma. Llegué a su vida de la manera mas inesperada, sin remover ni desordenar, sólo con la intención de contemplar su ternura y su belleza, y fue así como poco a poco y en su justa medida me fui acomodando en su corazón y en sus pensamientos, y a eso le llamo, “la magia de coincidir”.
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