Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

ABERTURA

En mis momentos oscuros
Cuando en mí no asoma nadie,
Y no es más que niebla y muros,
Lo que en la vida me atañe,

Alzo la frente un instante
De donde vivo agobiado
Y, en el espacio distante,
Veo al sol caer dorado.

Existo entonces, revivo;
Y aunque sólo sea ilusión
Lo exterior en que me olvido,
Nada más quiero ni pido:
Le entrego mi corazón.

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