Entre tu cuerpo y mis manos hay un verso,
una firme hilera de palabras donde habitas,
donde, con una sola vela encendida, te acaricio,
beso cada recoveco de tu cuerpo terso,
aprisiono las coyunturas de tus manos,
de tus tobillos y, ensoñadamente,
entro en la animal madriguera de tu cuerpo.
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