Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

HOY, DE NUEVO...

Hoy, de nuevo, te he convertido en mi paisaje predilecto, en mi zona favorita, de confort y aventura, de adrenalina y misterio. He decorado tus acantilados con mis labios, he descendido a tu abismo, me he perdido en ti como se pierde un hombre cabal entre tantos caminos, y no por no saber elegir cuál seguir de todos ellos, sino por querer explorarlos todos a la vez y con tantas ansias que, al final, la senda se bifurca y la pérdida —como la satisfacción que causan las nuevas experiencias resulta inevitable. Eres tantas figuras, tantas formas, que todas las mías se amoldan a las tuyas, y al amarte soy tantos hombres como tantas mujeres contienes. A tu lado estoy estrenando vidas, y tus manos me reciben como si me estuviesen dando la bienvenida a los nuevos comienzos, esos que carecen de finales, porque incluso tus confines son prados vírgenes, y aunque las haya recorrido en su plenitud, tus curvas siempre me resultan inexploradas. Amarte es una aventura constante. 

Hoy te he convertido en mi condición atmosférica, para recordarte que te he amado en cualquiera de tus climas, en todos tus tiempos, en tus días cálidos y gélidos, cuando atardeces y cuando anocheces, y comprendo que lo mejor de mi vida ha sido encontrarte, saber que las fotografías no mienten cuando me muestran ocasos tan bellos. Sin duda lo mejor de ti es cuando amaneces, porque es lo más parecida que resultas a la primavera, y floreces como los girasoles buscando el resplandor del sol, o como las rosas poniéndoles color a todos los inviernos. Me gusta tocarte entonces, sintiendo cómo tus poros se abren ante mi tacto, como pétalos amaneciendo constantemente, mientras mis manos recorren con suavidad y firmeza tu piel de terciopelo. 

Me he enamorado de tu cielo abierto y nublado, porque en ambas versiones me has dejado conocerte a fondo, y te he descubierto humana y frágil, pero, sobre todo, sincera. Me has dejado navegar en el océano de tus pensamientos, en los lagos de tus indecisiones, en los ríos de tus cabellos, en los mares que decoran el archipiélago de tus lunares. Y debo admitir que siempre voy a amar que me lluevas encima, porque incluso fragmentada eres capaz de llenarme y de devolverles la vida a todos mis desiertos. Te he saboreado dulce y salada, árida y húmeda, y nunca me basta, porque tus texturas son una invitación constante, y ganas me sobran de convertirme en huésped permanente de tus paisajes de ensueño. 

No concibo nada mejor que mantener una conversación larga y fluida contigo, porque tienes tantos temas ahí dentro, como si estuviesen dormidos a la espera de que un rayo de sol e interés los despierte para salir a flote. Eres un vergel de palabras e ideas, expresiones que solo un buen observador o un romántico empedernido es capaz de dilucidar. Y escucharte... escucharte es sentir como tu encanto cruza las fronteras de mi psique y les otorga paz a mis emociones, porque suenas a lluvia en mitad del bosque, a olas rompiendo contra las rocas, y me gusta la musicalidad que tiene tu voz cuando susurras, porque es como si el viento de pronto se hubiese aprendido todas las melodías de mi alma. Mirarte es ver estrellas de cerca, y lo mejor es que no hace falta la noche para que tu resplandor se note, porque brillas y el sol te envidia, y las estrellas te admiran, y los hombres te desean, y yo me enamoro. 

He amado tus bosques, tus playas, tus zonas urbanas, tus edificios palaciegos, tus carreteras interminables, tus parques y plazas, porque eres mi refugio favorito, mi ciudad predilecta, mi hogar escogido, mi bendición más grande. Y pasaré el resto de mi vida conociéndote, amando tus costas y tus cordilleras, tus selvas extensas y tus montañas rocosas. Te conoceré una y tantas veces, como tantas veces te he soñado, tan perfecta y real, tan llena de errores y escondites, porque eres una mujer con distintas fases y yo un ermitaño dispuesto a conocerlas todas, desafiando al tiempo y las circunstancias, hasta que te conviertas en las cuatro estaciones de mi vida. 

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