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No te preocupes amor lo que es verdadero nunca termina, nunca.

El Caballero andante

El caballero nació en pañales de seda, en noble cuna, era el príncipe heredero y disfrutó de sus privilegios hasta que su padre lo despojó siendo niño y lo abandonó, arruinándolo.

Siempre fue muy introvertido pero con un gran mundo interior. Tan pronto como pudo trabajó en cuanto su joven edad se lo permitía, aprendió a obtener sus recursos con su propio esfuerzo ayudando a su familia, hasta alcanzar más de lo que había sido despojado, pero no se compartaba como el príncipe que era, pues creía que la nobleza está en lo más profundo del corazón y no en los títulos, bienes o posesiones materiales.

En la temprana adolescencia conoció el amor y el desamor, que forjaron su caracter pero sobre todo sus sentimientos, sentía un respeto y admiración profunda por el sexo opuesto, al que muy pronto aprendió a tratar con caballerosidad, e intentar comprender, esto último nunca lo logró, pero no por eso dejó de intentarlo, con cariño, con romance, con pasión, con todo lo que su corazón le dictaba.

Poco tiempo después se entrenó en el arte de la defensa, primero para poder luchar en justo combate, debido a los problemas en que su temperamento y caracter lo metían. Posteriormente aprendió a escoger sus batallas, siempre eran grandes retos, a los que no temía.

No era muy sociable, más bien era introvertido, con inmenso mundo interior que no compartía, pero entendía el lenguaje del amor, del cual nunca se mantuvo alejado. Al llegar a la juventud pronto comprendió que mente y sentimiento no siempre coinciden, así que tomó una decisión, las relaciones personales las decidiría el corazón, lo demás la cabeza.

Aunque nació con una enfermedad respiratoria, poco común en aquella época, no se detuvo para practicar cuanto ejercicio le era posible que lo llevó a convertirse en un gran atleta, hasta llegar a su madurez, en donde el éxito lo cegó y volvió a actuar como príncipe, la vida pronto lo pondría en su lugar y él, que tenía un gran conocimiento de su propio mundo interior, aprendió la lección, no son las posesiones o las riquezas lo que hacen a las personas, sino el interior de su ser, que se puso a cultivar desde entonces. Tenía un código de honor inquebrantable.

Pronto encontró a Dios y esta fe lo catapultó a otro estado de conciencia, en dónde aprendió la paciencia y la tolerancia, a intentar comprender primero antes que ser comprendido, pero sobre todo a amar al prójimo como a sí mismo. Conoció el significado del amor y comprendió que no había aprendido a perdonar y olvidar las afrentas, tampoco había conocido lo que era el desapego total, hasta el momento de su encuentro con el Señor, quien desde entonces era su inspiración y su guía.

Respetaba las opinios ajenas pero nunca se acercaba a las personas que blasfemaban, sobre todo a esos que creen que por hacerlo son más importantes o más inteligentes, no los confrontaba, no era necesario, tarde o temprano aprenderían su lección. Había aprendido a escoger sus batallas.

Esta fe que tenía lo ayudó a crecer y a encontrarse, a poner los pies en la tierra y ayudar a otros, sin pedir a cambio recompensa, ahora estaba listo para despojarse para siempre de sus investiduras de príncipe.

Siempre estuvo rodeado de princesas, aun antes de su muerte, pero no le atraían, porque las que había conocido trataban a su pareja como súbdito y no como compañero, amigo y amante. Las evitaba por banales, frívolas, vanidosas, veleidosas, quien diría que una princesa sería la causa indirecta de su muerte.

Así un día llegó a la aldea que rodea el Bosque Encantado y se dispuso a ayudar a sus habitantes, a defenderlos y protegerlos de los malhechores, dragones, ogros y cuanto mal les aquejaba, por lo que se hizo muy popular en el lugar pero sobre todo muy querido.

Un buen día descubrió el Bosque Encantado, lugar en donde todo lo bueno puede suceder, era su mundo interior reflejado en el exterior, lugar único que no compartía con nadie, ahí era plenamente feliz.

Cuando no tenía que luchar contra los enemigos de los aldeanos, se entrenaba destrozando molinos, era divertido, los derribaba para volverlos a construir, más fuertes, más resistentes, para destruirlos después, era un buen constructor. Los duendes le ayudaban disciplinados en el proceso de construcción, no entendían por qué el caballero lo hacía, pero les parecía muy divertido verlo volar por los aires en ocasiones y celebraban con gritos de júbilo cuando eso sucedía, luego acudían presurosos a ayudarlo y las ninfas, los seres más bellos del bosque, curaban sus heridas, era feliz.

Era un hombre pleno, muy curioso, esto lo llevó a aprender cosas nuevas, pero sobre todo a conocer la naturaleza humana, de ahí que siempre estaba dispuesto a escuchar a quien se le acercara con un problema, pidiendo su consejo. Esta actividad le sirvió no solo para conocer los sentimientos de otras personas, sino también para conocerse a si mismo y seguir aprendiendo, creciendo y madurando.

Hoy yace en una cripta, víctima de lo que siempre defendió... el amor, pero era firme en su convicción de que el amor sirve para todo, para educar, para enseñar, para dar guía, consuelo, para curar el alma... hasta que conoció el amor verdadero, el que no creía poder encontrar y ese sentimiento lo acompañó hasta sus últimos días, creyó en el amor hasta su último respiro. El amor no falla, fallan las personas y de eso el amor no tiene la culpa. El amor simple y sencillamente "Es", como solía decir con optimismo.

El caballero tendía hacia el romanticismo, sobre todo en sus últimos días, que había llevado a un nivel insospechado aun para él mismo, también resultado de que por fin conoció y vivió con intensidad su motivo de vida... el amor, en los brazos de la Princesa Ángel, de quien decía tenía brazos de sol, aunque este amor lo llevó a quedar atrapado en un cripta.

Siempre su corazón lo ponía por delante, a las personas les hablaba desde el corazón, siendo siempre fiel a ese sentimiento divino.

Aunque nadie conocía ese mundo interior que era basto, rico y maravilloso, pues nunca antes lo había mostrado a nadie, excepto a ella... su Ángel. 

Tenía buenas relaciones con los aldeanos, se ganaba pronto su confianza y le decían sus cuitas que escuchaba con atención. Era, en el buen sentido de la palabra, bueno.

En algunas ocasiones se vió tracionado por personas en las que confiaba, pero eso no lo mermaba, por el contrario, lo hacían aprender, crecer y practicar, demostrando que el amor alivia todo, incluso las heridas de amor.

Así pasó sus últimos días confiando fielmente en que; "Solo con el corazón se ve bien, lo esencial es invisible a los ojos"... esperando a su Ángel.

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Mi Perfil

Julio Carreto:

Ingeniero Civil, Maestría en Administración con especialidad en Comercialización Estratégica.
Diplomado en Mercadotecnia, Diplomado en Administración de Ventas.
Consultor Especialista en Planeación de Negocios, Planeación Estratégica y Comercialización Estratégica.
Catedrático de Maestría, Diplomado y Licenciatura

Mail to: carreto.julio@gmail.com

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