Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

Loca

Loca, ella era loca, de esas que no les importa nada; su locura era inigualable, placentera y un tanto tediosa. Ella amaba su locura. Su alma parecía forrada en hierro. Sin embargo, detrás de esa armadura, poseía los sentimientos más hermosos que jamas había encontrado; yo la conocía, y justo ahí, fue donde me enamoré.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario