Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

Ver en la playa

Las montañas distantes, impasibles,
elevan mi poema. Tú, desnuda
y transparente, deshaciéndote
en pétalos vigorosos,
recostada en mi poesía.

Tu cabellera insostenible enredada al mar.
El sol volando en tu fragancia.
El mar en la base de mi deseo.
Un cangrejo inútil quiere ser mi disfraz.

La voz late en tu pecho
y se entierra en tus manos
para que yo la tenga cerca.

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