Un rostro se hace viejo mucho antes que una mente.
Y muslos, brazos, pechos adoptan una pose como de indiferencia. Hartos del corazón que anheló tanto, prefieren olvidarse de todas sus promesas anteriores.
Mas mente y corazón prosiguen su plática animada, discuten, se intercambian epifanías diversas, a veces se les va toda la noche en lamentos y antífonas.
Rostro y cuerpo les han tomado el pelo, comparten soledad sin saber bien qué hacer.
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