Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

Suerte

Soy de esos
que no creen en la suerte.
En mi vida nadie me regaló nada,
todo ha sido una lucha incesante;
y, a veces,
la batalla sabía
demasiado a derrota.

Y me alegro de que
haya sido así.
Porque el sabor de
no deberle nada a nadie
es incomparable.

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