Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

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EL ABRAZO

El abrazo debería de ser recetado por los médicos pues, hay un poder curativo en el abrazo que aún desconocemos.

El abrazo cura el odio,

El abrazo cura los resentimientos,

El abrazo cura el coraje y los malos entendidos,

El abrazo cura el cansancio y cura la tristeza.

Cuando abrazamos soltamos amarras, perdemos en instantes las cosas que nos han hecho perder la calma.

El abrazo nos da la paz en el alma.

Cuando abrazamos dejamos de estar a la defensiva y permitimos que el otro se aproxime a nuestro corazón, los brazos se abren y ¡los corazones se acurrucan de una forma única!

No hay nada como un abrazo, un abrazo de "Te amo", un abrazo de "Qué bueno que estás aquí", un abrazo de "Ayúdame"...! Un abrazo de "Hasta pronto", un abrazo de "Perdóname" y de "Te perdono", un abrazo de "cuánto te extrañé", abrazos...

Cuando abrazamos somos más de dos, somos familia, somos accesibles, somos sueños posibles...

El abrazo debería, sí, ser recetado por los médicos, pues rejuvenece el alma y el cuerpo.

Hoy te dejo un abrazo desde el Alma. 

UN HOMBRE...

Cuando un hombre está en la cama con una mujer qué en verdad -Ama -puedes darte cuenta de algo, y lo qué voy a decirte no es un detalle menor: la sangre no se le irá directamente hacia los genitales, la sangre se le irá directo al corazón Y tú, mujer, podrás comprobarlo por cómo su pecho se agita, por cómo te mira, por cómo te toca.

Cuando un hombre tiene entre las sábanas a una mujer qué en verdad Ama no tiene prisa en desnudarla y tomarla porque puede mirar su corazón, él primero querrá abrazarla, sentirla, cuidarla. No harán falta palabras ni divagaciones, con el silencio y la mirada tocará su alma. Le bastará con besar su cara, le bastará acariciar sus cabellos, y preferirá quedarse callado, así, sin decir nada, contemplando la belleza de su corazón, y la sostendrá de la nuca diciendo todo con la mirada, como quién está mirando a una diosa Mujer,

Un hombre que en verdad te Ama no quiere acostarse contigo, quiere dormir contigo y despertar contigo. No quiere estar dentro de ti, quiere estar a tu lado. Son cosas muy distintas, recuerda siempre, por favor.

El hombre que te Ama quiere anochecer en tus ojos, pernoctar en tú piel y amanecer sobre tú cuerpo Amado, conservando el resto del día el perfume de tú flor.

Cuando un hombre tiene en su misma almohada el rostro de la mujer qué Ama, te diré algo, y sabrás qué tengo razón: el flujo de sangre no irrigará solamente hacia la inminente erección, sino que la sangre fluirá directamente hacia sus manos, sus labios y su corazón. Para acariciarte durante toda la noche, y con un beso y un te Amo, hacerte el Amor....

Porque cuando un hombre te ama no te hace sentir especial... te hace sentir única...

CARTA 20 - CARTAS PARA CLAUDIA

 Cierro los ojos y vuelo…

Aparezco donde vos estás. Te veo.

Me acerco.

Te recorro con mis ojos. Más cerca.

Te acaricio. Siento tu piel.

Tus manos frías (hoy están frías). Te huelo.

Mis labios rozan tu frente.

Y vos ni te das cuenta,

o quizás sí…


Quizás en este momento estás pensando en mí sin saber por qué.

Quiero

Quiero que me oigas, sin juzgarme.
Quiero que opines, sin aconsejarme.
Quiero que confíes en mi, sin exigirme.
Quiero que me ayudes, sin intentar decidir por mi.
Quiero que me cuides, sin anularme.
Quiero que me mires, sin proyectar tus cosas en mi.
Quiero que me abraces, sin asfixiarme.
Quiero que me animes, sin empujarme.
Quiero que me sostengas, sin hacerte cargo de mi.
Quiero que me protejas, sin mentiras.
Quiero que te acerques, sin invadirme.
Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten,
que las aceptes y no pretendas cambiarlas.
Quiero que sepas, que hoy,
hoy podés contar conmigo.
Sin condiciones.

Quiero aprender

Quiero aprender a oírte sin juzgarte,
Quiero que me enseñes a opinar sin darte consejos,
Quiero aprender a confiar en mí sin exigirme,
Quiero enseñarte a ayudarme sin intentar decidir por mi,
Quiero aprender a cuidarte sin anularte,
Quiero que me enseñes a mirarte sin proyectar cosas en ti,
Quiero que aprendas a animarme sin empujarme,
Quiero enseñarte a abrazarme sin asfixiarme,
Quiero aprender a sostenerte sin hacerte cargo de ti,
Quiero que me enseñes como protegerte sin mentiras,
Quiero aprender a acercarme a ti sin invadirte,
Quiero que aprendamos a aceptar las cosas del otro que más nos disgusta, tanto como para no pretender cambiarlas,
Quiero que hoy, después de lo aprendido yo de ti y tu de mi, seamos capaces de elegirnos otra vez sin condiciones.

:D

Quiero

Quiero que me oigas, sin juzgarme.
Quiero que opines, sin aconsejarme.
Quiero que confí­es en mi, sin exigirme.
Quiero que me ayudes, sin intentar decidir por mi.
Quiero que me cuides, sin anularme.
Quiero que me mires, sin proyectar tus cosas en mi.
Quiero que me abraces, sin asfixiarme.
Quiero que me animes, sin empujarme.
Quiero que me sostengas, sin hacerte cargo de mi.
Quiero que me protejas, sin mentiras.
Quiero que te acerques, sin invadirme.
Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten,
que las aceptes y no pretendas cambiarlas.
Quiero que sepas, que hoy, hoy podés contar conmigo.
Sin condiciones.

:D

Quiero

Quiero que me oigas, sin juzgarme.
Quiero que opines, sin aconsejarme.
Quiero que confíes en mi, sin exigirme.
Quiero que me ayudes, sin intentar decidir por mi.
Quiero que me cuides, sin anularme.
Quiero que me mires, sin proyectar tus cosas en mi.
Quiero que me abraces, sin asfixiarme.
Quiero que me animes, sin empujarme.
Quiero que me sostengas, sin hacerte cargo de mi.
Quiero que me protejas, sin mentiras.
Quiero que te acerques, sin invadirme.
Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten,
que las aceptes y no pretendas cambiarlas.
Quiero que sepas, que hoy,
hoy puedes contar conmigo.
Sin condiciones.

El Camino de las Lágrimas

Soñamos que vivimos un amor eterno y un día nos despertamos frente a una realidad:
Ya no nos aman... ¿Por qué?
Amar también implica correr riesgo, y cuando se ama en verdad se sufre, y como nos cuesta soltar aquello que amamos...
Dejar ir, soltar, esa es la clave y no es fácil porque duele.
Seguir llorando aquello que no tengo me impide disfrutar esto que tengo ahora.
Aprender a enfrentarse con el tema de la pérdida es aceptar vivir el duelo, saber que aquello que era es aquello que era y que ya no es más o por lo menos que ya no es lo mismo que era.
De hecho nunca es lo mismo.
Cuando yo me doy cuenta de que algo ha muerto, de que algo está terminado, ese es un buen momento para soltar. Cuando ya no sirve, cuando ya no cumple, cuando ya no es, es tiempo de soltar.
Lo que seguro no voy hacer, si te amo de verdad, es querer retenerte. Lo que seguro no voy a hacer es tratar de engancharte, si es verdad que te amo.
Te amo a ti... 
¿O amo la comodidad de que estés al lado mío?
¿Estoy relacionado contigo, individuo o persona?, 
¿O estoy relacionado con mi idea de que ya te encontré y no quiero salir a buscar a más nadie?
No te atrapo, no te agarro, no te aferro, no te aprisiono.
Y no te dejo ir porque no me importes,
"te dejo ir porque me importas."

SIN QUERER SABER

Y si es cierto que has dejado de quererme
yo te pido,
por favor,
¡no me lo digas!

Necesito hoy
y todavía
navegar
inocente en tus mentiras...

Dormiré sonriendo
y muy tranquilo.
Me despertare
muy temprano por la mañana.

Y volveré a hacerme a la mar,
te lo prometo...

Pero esta vez,
sin atisbo de protesta o resistencia,
naufragaré por voluntad y sin reservas
en la profunda inmensidad de tu abandono...

Quiero

Quiero que me oigas, sin juzgarme. 
Quiero que opines, sin aconsejarme. 
Quiero que confíes en mí, sin exigirme. 
Quiero que me ayudes, sin intentar decidir por mí Quiero que me cuides, sin anularme. 
Quiero que me mires, sin proyectar tus cosas en mí. 
Quiero que me abraces, sin asfixiarme. 
Quiero que me animes, sin empujarme. 
Quiero que me sostengas, sin hacerte cargo de mí. 
Quiero que me protejas, sin mentiras. 
Quiero que te acerques, sin invadirme. 
Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten, que las aceptes y no pretendas cambiarlas.
Quiero que sepas, que hoy,  hoy podés contar conmigo.  
Sin condiciones.

Carta de un padre a su hija

Antes de morir hija mía, quisiera estar seguro de haberte enseñado...
A disfrutar del amor,
a confiar en tu fuerza,
a enfrentar tus miedos,
a entusiasmarte con la vida,
a pedir ayuda cuando la necesites,
a permitir que te consuelen cuando sufres,
a tomar tus propias decisiones,
a hacer valer tus elecciones,
a ser amiga de ti misma,
a no tenerle miedo al ridículo,
a darte cuenta de que mereces ser querida,
a hablar a los demás amorosamente,
a decir o callar según tu conveniencia,
a quedarte con el crédito por tus logros,
a amar y cuidar la pequeña niña que hay en tí,
a superar la adicción a la aprobación de los demás,
a no absorber las responsabilidades de todos,
a ser consciente de tus sentimientos y actuar en consecuencia,
a no perseguir el aplauso sino tu satisfacción con lo hecho,
a dar porque quieres, nunca porque lo creas tu obligación,
a exigir que se te pague adecuadamente por tu trabajo,
a aceptar tus limitaciones y tu vulnerabilidad sin enojo,
a no imponer tu criterio ni permitir que te impongan el de otros,
a decir que sí, sólo cuando quieras y decir que no sin culpa,
a vivir en el presente y no tener expectativas,
a tomar más riesgos,
a aceptar el cambio y revisar tus creencias,
a trabajar para sanar tus heridas viejas y actuales,
a tratar y exigir ser tratada con respeto,
a llenar primero tu copa y justo después la de los demás,
a planear para el futuro pero no vivir en él,
a valorar tu intuición,
a celebrar las diferencias entre los sexos,
a desarrollar las relaciones sanas y de apoyo mutuo,
a hacer de la comprensión y el perdón tus prioridades,
a aceptarte como eres,
a no mirar atrás para ver quien te sigue,
a crecer aprendiendo de los desencuentros y de los fracasos,
a permitirte reír a carcajadas por la calle sin ninguna razón,
a no idolatrar a nadie, y a mí... menos que a nadie.

Cuando tú y yo nos encontremos...

Cuando tú y yo nos encontremos
seremos dos mundos que se encuentran,
seremos dos universos en contacto.
Tú, un universo con centro de ti.
y yo, un universo con centro en mí.
¡sera maravilloso!
no lo dudes,
cuando tu y yo nos encontremos...

Obstáculos

Voy andando por un sendero.  Dejo que mis pies me lleven.

Mis ojos se posan en los árboles, en los pájaros, en las piedras...

En el horizonte se recorta la silueta de una ciudad. Agudizo la mirada para distinguirla bien. Siento que la ciudad me atrae.

Sin saber cómo, me doy cuenta de que en esa ciudad puedo encontrar todo lo que deseo: todas mis metas, mis objetivos y mis logros. Mis ambiciones y mis sueños están en esa ciudad. 

Lo que quiero conseguir, lo que necesito, lo que más me gustaría ser, aquello a lo cual aspiro, o que intento, por lo que trabajo, lo que siempre ambicioné, aquello que sería el mayor de mis éxitos...

Me imagino que todo eso está en esa ciudad. 
  
Sin dudar, empiezo a caminar hacia ella. A poco de andar, el sendero se hace cuesta arriba. Me canso un poco, pero no me importa.

Sigo. Diviso una sombra negra, más adelante, en el camino. Al acercarme, veo que una enorme zanja me impide el paso. Temo... dudo.

Me enoja que mi meta no pueda conseguirse fácilmente. 

De todas maneras decido saltar la zanja; retrocedo, tomo impulso y salto. Consigo pasarla. Me repongo y sigo caminando.

Unos metros más adelante, aparece otra zanja. Vuelvo a tomar carrera y también la salto. 

Corro hacia la ciudad; el camino parece despejado. 

Me sorprende un abismo que detiene mi camino. Me detengo. Imposible saltarlo.

Veo que a un costado hay maderas, clavos y herramientas. Me doy cuenta de que está allí para construir un puente. Nunca he sido hábil con mis manos…
Pienso en renunciar. Miro la meta que deseo… y resisto.

Empiezo a construir el puente. Pasan horas, o días, o meses... El puente está hecho.

Emocionado, lo cruzo. Y al llegar al otro lado… descubro el muro. Un gigantesco muro, frío y húmedo, rodea la ciudad de mis sueños.

Me siento abatido. Busco la manera de esquivarlo. No hay caso. Debo escalarlo. La ciudad está tan cerca… 

No dejaré que el muro impida mi paso.

Me propongo trepar. Descanso unos minutos y tomo aire. 

De pronto veo, a un costado del camino, a un niño que me mira como si me conociera. Me sonríe con complicidad.

Me recuerda a mí mismo... cuando era niño.

Quizás por eso, me animo a expresar en voz alta mi queja: "¿Por qué tantos obstáculos entre mi objetivo y yo?"

El niño se encoge de hombros y me contesta: "¿Por qué me lo preguntas a mí? Los obstáculos no estaban antes de que tú llegaras... ¡Los obstáculos los trajiste tú!"

Carta a mi hija

Antes de morir hija mía, quisiera estar seguro de haberte enseñado...
A disfrutar del amor,
a confiar en tu fuerza,
a enfrentar tus miedos,
a entusiasmarte con la vida,
a pedir ayuda cuando la necesites,
a permitir que te consuelen cuando sufres,
a tomar tus propias decisiones,
a hacer valer tus elecciones,
a ser amiga de ti misma,
a no tenerle miedo al ridículo,
a darte cuenta de que mereces ser querida,
a hablar a los demás amorosamente,
a decir o callar según tu conveniencia,
a quedarte con el crédito por tus logros,
a amar y cuidar la pequeña niña que hay en tí,
a superar la adicción a la aprobación de los demás,
a no absorber las responsabilidades de todos,
a ser consciente de tus sentimientos y actuar en consecuencia,
a no perseguir el aplauso sino tu satisfacción con lo hecho,
a dar porque quieres, nunca porque lo creas tu obligación,
a exigir que se te pague adecuadamente por tu trabajo,
a aceptar tus limitaciones y tu vulnerabilidad sin enojo,
a no imponer tu criterio ni permitir que te impongan el de otros,
a decir que sí, sólo cuando quieras y decir que no sin culpa,
a vivir en el presente y no tener expectativas,
a tomar más riesgos,
a aceptar el cambio y revisar tus creencias,
a trabajar para sanar tus heridas viejas y actuales,
a tratar y exigir ser tratada con respeto,
a llenar primero tu copa y justo después la de los demás,
a planear para el futuro pero no vivir en él,
a valorar tu intuición,
a celebrar las diferencias entre los sexos,
a desarrollar las relacciones sanas y de apoyo mutuo,
a hacer de la comprensión y el perdón tus prioridades,
a aceptarte como eres,
a no mirar atrás para ver quien te sigue,
a crecer aprendiendo de los desencuentros y de los fracasos,
a permitirte reír a carcajadas por la calle sin ninguna razón,
a no idolatrar a nadie, y a mí... menos que a nadie.