Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

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Explicando una tarde anatomía.

Explicando una tarde anatomía
un sabio profesor,
del corazón a sus alumnos daba
perfecta descripción.
 
Anonadado por sus propias penas
la cátedra olvidó ;
y a riesgo de que loco lo creyeran
con alterada voz:
 
_Dicen, señores _exclama pálido_
que nadie consiguió
vivir sin esa víscera precisa,
¡Error, extraño error!.
 
Hay un ser de mi ser, una hija mía,
que ayer me abandonó,
¡las hijas que abandonan a sus padres
no tienen corazón!.
 
Un estudiante que del aula obscura
se oculta en un rincón,
mientras los otros asombrados oyen
tan público dolor,
sonriendo a su amigo y compañero
le dijo a media voz:
_Piensa que a su hija el corazón le falta...
y es que lo tengo yo.

A QUIEN SE YO

Me engañaste, y “¡No has sido tú el primero!”
dijieron mis amigos,
un tiempo de tus pérfidos engaños
victimas o testigos.

No sé quién fue el primero más el último
sé que será un gusano.
Buscará el corazón de tu cadáver,
y ha de buscarlo en vano.