Y construí
tu rostro.
Con adivinaciones del amor, construía tu rostro
en los
lejanos patios de la infancia.
Albañil con vergüenza,
yo me oculté
del mundo para tallar tu imagen,
para darte la voz,
para poner
dulzura en tu saliva.
Cuántas veces temblé
apenas si cubierto por
la luz del verano
mientras te describía por mi sangre.
Pura mía,
estás hecha de cuántas estaciones
y tu gracia desciende como cuántos
crepúsculos.
Cuántas de mis jornadas inventaron tus manos.
Qué
infinito de besos contra la soledad
hunde tus pasos en el polvo.
Yo te oficié, te recité por los caminos,
escribí todos tus nombres al
fondo de mi sombra,
te hice un sitio en mi lecho,
te amé, estela
invisible, noche a noche.
Así fue que cantaron los silencios.
Años
y años trabajé para hacerte
antes de oír un solo sonido de tu alma.