Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

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Poema para ser leído y cantado

Sé que hay una persona 
que me busca en su mano, día y noche, 
encontrándome, a cada minuto, en su calzado. 
¿Ignora que la noche está enterrada 
con espuelas detrás de la cocina?
Sé que hay una persona compuesta de mis partes, 
a la que integro cuando va mi talle 
cabalgando en su exacta piedrecilla. 
¿Ignora que a su cofre 
no volverá moneda que salió con su retrato?
Sé el día, 
pero el sol se me ha escapado; 
sé el acto universal que hizo en su cama 
con ajeno valor y esa agua tibia, cuya 
superficial frecuencia es una mina. 
¿Tan pequeña es, acaso, esa persona, 
que hasta sus propios pies así la pisan?
Un gato es el lindero entre ella y yo, 
al lado mismo de su tasa de agua. 
La veo en las esquinas, se abre y cierra 
su veste, antes palmera interrogante... 
¿Qué podrá hacer sino cambiar de llanto?
Pero me busca y busca. ¡Es una historia!

Heces

Esta tarde llueve, como nunca; y no
tengo ganas de vivir, corazón.

Esta tarde es dulce.  ¿Por qué no ha de ser?
Viste de gracia y pena; viste de mujer.

Esta tarde en Lima llueve. Y yo recuerdo
las cavernas crueles de mi ingratitud;
mi bloque de hielo sobre su amapola,
más fuerte que su "¡No seas así!"

Mis violentas flores negras; y la bárbara
y enorme pedrada; y el trecho glacial.
Y pondrá el silencio de su dignidad
con óleos quemantes el punto final.

Por eso esta tarde, como nunca, voy
con este búho, con este corazón.

Y otras pasan; y viéndome tan triste,
toman un poquito de ti
en la abrupta arruga de mi hondo dolor.

Esta tarde llueve, llueve mucho. ¡Y no
tengo ganas de vivir, corazón!

Deshojación sagrada

¡Luna! Corona de una testa inmensa,
que te vas deshojando en sombras gualdas
Roja corona de un Jesús que piensa
trágicamente dulce de esmeraldas.

¡Luna! Alocado corazón celeste
¿por qué bogas así, dentro de copa
llena de vino azul, hacia el oeste,
cual derrotada y dolorida popa?

¡Luna! Y a fuerza de volar en vano,
te holocaustas en ópalos dispersos:
tú eres tal vez mi corazón gitano
que vaga en el azul llorando versos...

En el rincón aquel, donde dormimos juntos...

En el rincón aquel, donde dormimos juntos 
tantas noches, ahora me he sentado 
a caminar. La cuja de los novios difuntos 
fue sacada, o tal vez que habrá pasado. 

Has venido temprano a otros asuntos 
y ya no estás. Es el rincón 
donde a tu lado, leí una noche, 
entre tus tiernos puntos 
un cuento de Daudet. Es el rincón 
amado. No lo equivoques. 

Me he puesto a recordar los días 
de verano idos, tu entrar y salir, 
poca y harta y pálida por los cuartos. 

En esta noche pluviosa, 
ya lejos de ambos dos, salto de pronto... 
Son dos puertas abriéndose cerrándose, 
dos puertas que al viento van y vienen 
sombra a sombra.

Ausente

¡Ausente! La mañana en que me vaya 
más lejos de lo lejos, al Misterio, 
como siguiendo inevitable raya, 
tus pies resbalarán al cementerio. 

¡Ausente! La mañana en que a la playa 
del mar de sombra y del callado imperio, 
como un pájaro lúgubre me vaya, 
será el blanco panteón tu cautiverio. 

Se habrá hecho de noche en tus miradas; 
y sufrirás, y tomarás entonces 
penitentes blancuras laceradas. 

¡Ausente! ¡Y en tus propios sufrimientos 
ha de cruzar entre un llorar de bronces 
una jauría de remordimientos!

Intensidad y altura

Quiero escribir, pero me sale espuma, 
quiero decir muchísimo y me atollo; 
no hay cifra hablada que no sea suma, 
no hay pirámide escrita, sin cogollo. 

Quiero escribir, pero me siento puma; 
quiero laurearme, pero me encebollo. 
No hay tos hablada, que no llegue a bruma 
no hay dios ni hijo de dios, sin desarrollo. 

Vámonos, pues, por eso, a comer yerba, 
carne de llanto, fruta de gemido, 
nuestra alma melancólica en conserva. 

¡Vámonos! ¡Vámonos! Estoy herido; 
Vámonos a beber lo ya bebido, 
vámonos, cuervo, a fecundar tu cuerva.

Para el alma imposible de mi amada

Amada: no has querido plasmarte jamás 
como lo ha pensado mi divino amor. 
Quédate en la hostia, 
ciega e impalpable, 
como existe Dios. 

Si he cantado mucho, he llorado más 
por ti ¡oh mi parábola excelsa de amor! 
Quédate en el seso, 
y en el mito inmenso 
de mi corazón! 

Es la fe, la fragua donde yo quemé 
el terroso hierro de tanta mujer; 
y en un yunque impío te quise pulir. 
Quédate en la eterna 
nebulosa, ahí, 
en la multicencia de un dulce no ser. 

Y si no has querido plasmarte jamás 
en mi metafísica emoción de amor, 
deja que me azote, 
como un pecador.

Pienso en tu sexo

Pienso en tu sexo.
Simplificado el corazón, pienso en tu sexo, 
ante el hijar maduro del día. 
Palpo el botón de dicha, está en sazón. 
Y muere un sentimiento antiguo 
degenerado en seso. 

Pienso en tu sexo, surco más prolífico 
y armonioso que el vientre de la Sombra, 
aunque la Muerte concibe y pare 
de Dios mismo. 

Oh Conciencia,
pienso, sí, en el bruto libre
que goza donde quiere, donde puede. 

Oh, escándalo de miel de los crepúsculos. 
Oh estruendo mudo. 

¡Odumodneurtse!