Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

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La revolución

La revolución empieza en tu sillón y sigue en tu cama mientras besas todos mis frentes de batalla el sistema de nuestra ropa cae al suelo y lo único que queda es la anarquía de tu cuerpo sobre el mío creando nuestro propio manifiesto con gemidos destruyendo cada una de sus normas.

Al final

al final nunca sé a dónde quiero ir pero sí a dónde quiero volver:
a tus brazos
a tus besos
a tu cama.
al final nunca sé a dónde quiero ir pero sí a dónde quiero quedarme: en vos.

Vas a despertar

Me daban pánico las alturas
hasta que me agarraste de Ia cintura
y miré Io chiquitos que se veían todos
desde tus sábanas,
cómo mis problemas
parecían transformarse en nube,
hasta que susurraste:
"te estoy enseñando a soñarme
pero en algún momento vas a despertar".

Esa noche

esa noche 
me agarraste la mano 
y dijiste: 
“para voIar 
nosotros solo necesitamos una cama”.

yo te miré, 
tenías Ios ojos de quien sueña 
y no piensa en mañana 
y no piensa en nada

tenías la piel 
de todos mis deseos cumplidos.

y aunque ahora tus alas 
te lleven lejos, 
te agradezco por ensenarme 
que yo también tengo unas.

Te espero

Pero igual te espero, porque dicen que tarde o temprano todo llega y los dos sabemos que todo sos vos, igual te espero, porque hay algo, algo, algún monstruo adentro de mi que no quiere dejarte ir que se alimenta de tus ausencias y me clava un puñal en el alma cada vez que sonreís, igual te espero sabés que siempre, siempre... te espero.

Perdiendo la guerra

Pero, 
¿cómo pude quererte 
sabiendo que hacerlo
tenía el mismo sentido 
que ir a la guerra por la paz? 
y yo ya saqué mi bandera blanca, 
ya cambié mis armas (o heridas) 
por flores, 
ya me rendí a tu ejército (o ausencia), 
a veces se gana 
perdiendo la guerra (o dejando que te vayas)