Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

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El escribía poemas

El escribía poemas en su espalda. Y no le importaba navegar sus valles o naufragar por sus lunares. Y ella a cambio se bañaba en sus palabras, que en cada letra le acariciaban el alma. Y aunque no veía lo que el escribía, lo sentía tan cerca como el papel en su piel, como el tacto de sus manos, como el trazo de su pluma agitando su piel desnuda.

Hay pocas cosas en la vida

Hay pocas veces en la vida, en que se cruzan dos almas. Es que si te pones a pensar, amor mío, la gente se encuentra, se desencuentra, se hacen el amor, y hasta de vez en cuando se quieren; eso pasa todos los dias. Pero ¿cuántas veces tu alma se cruza con otra? Y no estamos hablando de otra cualquiera, sino de esa que reconoce tu alma, esa que perdura, que la alimenta. Que se encuentra con tu alma en un sueño y se abrazan y se dicen cosas, y hasta se hablan de otras vidas. Vidas en las que vivieron viviendo, juntas. Bajo la misma piel. Bajo el mismo cielo. Respirando el aire del mismo amor.

Me gustan las personas

Me gustan las personas que aún en la oscuridad, se nutren de luz e irradian su brillo al mundo. Esos descarados que sonríen gratis, sin razón y porque sí. Los que celebran la lluvia sin miedo
a mojarse y aprecian el frío por sentir el calor de un abrazo. Me gustan las personas simples porque tienen la sabiduria de aquel que no carga el peso innecesario de las cosas, y alimenta su alma de todo lo vivido. Me gustan aquellos pocos que no son lo que poseen, sino lo que dan. Me gustan los locos que tienen el coraje de vivir la vida, como si nunca los fuera a alcanzar la muerte.

Y que tal...

Y que tal si soy tuyo sin anillo ni título. Y que tal si soy tuyo porque quiero y porque te quiero.
Y que tal si la vida nos encuentra más juntos que casados, más enamorados que morados, más unidos que asociados. 
Y que tal si nos queremos sin porqués, sin excusas y sin miedos. Y que tal si nos hacemos verdad, realidad y luna.

Siempre pensé...

Siempre pensé que lo único que le puede a uno cambiar la cara es el tiempo. Porque no hablo del tipo de cambio pasajero, ni del tipo de cara que se ajusta a los sentimientos del momento, O que finge sonrisas o esconde silencios. Hablo del tipo de transformación que agarra los cuarenta y tres músculos de la cara y los desarma con una mirada, los desparrama con besos a ojos cerrados y los descifra como si fueran las partes de un rompecabezas que solo se soluciona con tu sonrisa. Nunca pensé que convivir con tu cara cambiaría tanto la mía, hasta que me miré en tus ojos y ya no me reconocí sin ti. Tú, que con tu felicidad rebobinabas las agujas del tiempo que marchitaba todo, menos a nosotros. 

Y ahora que lo pienso bien, quizás tu cara ya tampoco era la misma desde que me quería y yo también la quería. Creo que ya nunca seríamos nosotros sin el otro, seríamos otros, los mismos de siempre pero distintos, quizás más grises o azules o color rocío. Y si alguien que no hubiésemos visto en mucho tiempo nos encontrara por la calle y nos diera un abrazo y nos mirara a los ojos diciéndonos que estábamos igual, que no habíamos cambiado ni un poquito, que el tiempo para nosotros no había pasado, quizás ahí’ mismo, justo antes de irrumpir en llanto, pensaríamos el uno en el otro sin el otro, pensaríamos en la cara que nos había cambiado la cara, que ya ninguno de los dos tendría. 

Despues de un tiempo

Después de un tiempo, uno aprende que mirar no es ver, y que ver no es entender, y que algunas cosas no hay que verlas para entenderlas.

Noche

"La noche es de los amantes, los solitarios, los que sueñan despiertos, los que se emborrachan de la vida. La noche es del amor; y el amor es de los que lo hacen, de los que lo sienten, de los que lo viven, pero por sobre todo, de los que mueren por el".

Si te animas

Si te animas, nos matamos, nos desgarramos las intenciones, nos ahogamos el aliento.
Si te animas, nos mordemos las ganas y nos desvelamos las manos.
Si te animas, nos hacemos, nos deshacemos y nos rompemos.

Noche y día

Ella era de la noche, y cada vez que me quedaba dormido, me confesaba todo lo que el sol no le dejaba decirme a los ojos. Y entre penumbras, le daba permiso a su boca para susurrar su amor de luna, dejando que sus manos recorrieran mis sombras, como si mi piel dormida no fuese testigo de sus caricias. Yo, en cambio, era del día. Y cuando despertaba todavía la sentía, como si entre sueños me hubiese confesado que me quería. Entonces la contemplaba dormida, esperando a que despertara y su mirada me confirmara que el sueño era cierto, que los besos que mi piel me contaba no eran solo sombras de un recuerdo. 

Me gustan

Me gustan las personas que aun en la oscuridad, se nutren de luz e irradian su brillo al mundo. Esos descarados que sonríen gratis, sin razón y porque si. Los que celebran la lluvia sin miedo a mojarse y aprecian el frío por sentir el calor de un abrazo. Me gustan las personas simples porque tienen la sabiduría de aquel que no carga el peso innecesario de las cosas, y alimenta su alma de todo lo vivido. Me gustan aquellos pocos que no son lo que poseen, sino lo que dan. Me gustan los locos que tienen el coraje de vivir la vida, como si nunca los fuera a alcanzar la muerte.

No quiero

No quiero ser solo tu novio, o tu esposo, 
o tu amigo. Yo quiero ser tu amante, 
el mejor que hayas tenido.


Así que no me trates de cambiar, 
o convertir o conformar; 
a la mierda con los títulos, 
yo estoy hecho para amar.


Y si un día me miras como si fuera cariño, 
no te equivoques, para eso son los otros, 
los que solo llevan anillo.


Yo quiero ser tu amante; para atarte 
y morderte, para quedarme y amarte.

Hay pocas veces en la vida

Hay pocas veces en la vida, en que se cruzan dos almas. Es que si te pones a pensar, amor mío, la gente se encuentra, se desencuentra, se hacen el amor, y hasta de vez en cuando se quieren; eso pasa todos los dias. Pero ¿cuántas veces tu alma se cruza con otra? Y no estamos hablando de otra cualquiera, sino de esa que reconoce tu alma, esa que perdura, que la alimenta. Que se encuentra con tu alma en un sueño y se abrazan y se dicen cosas, y hasta se hablan de otras vidas. Vidas en las que vivieron viviendo, juntas. Bajo la misma piel. Bajo el mismo cielo. Respirando el aire del mismo amor.

El escribía

El escribía poemas en su espalda. Y no le importaba navegar sus valles o naufragar por sus lunares. Y ella a cambio se bañaba en sus palabras, que en cada letra le acariciaban el alma. Y aunque no veía lo que él escribía, lo sentía tan cerca como el papel en su piel, como el tacto de sus manos, como el ttrazo de su pluma agitando su piel desnuda.

Nunca me dejaron...

Nunca me dejaron, me dijo con una sonrisa inofensiva, bien sabiendo que lo que acababa de pronunciar era casi una sentencia, o tal vez un presagio.

Y yo, le devolví la sonrisa con cara de Superman, tratando de convencerme de que nunca me dejaría. Me mordí la lengua para no contarle que tampoco a mi, jamás me habían dejado. Abrí los labios, cerré los ojos y la besé, mientras mis dedos comenzaban a escalar su pelo.

Este amor, sin duda sería un duelo de finales, aunque en ese momento fuera solo una batalla de lenguas ciegas y mis manos mansas, que se aliaban con su pelo y se perdían como el aire que me faltaba.

Vengo

Vengo a romper los poemas. A separar las palabras para que en la soledad pierdan su significado. Para que un quiero deje de quererte y un amo sea solo un soberano. Vengo para que ni la luz me alcance a escribirte en un poema. Mis letras ya no tienen voz. No me queda ni tu nombre. Solo un punto empieza este final.

En las noches

En las noches de viento, al encender mi cigarro espero paciente a que cese la brisa. Hay un segundo o dos entre ráfagas donde el fuego sobrevive un instante para hacer lo suyo; quemar y encender, matar o iluminar. Entonces, en la primera bocanada te pienso, y no sé si eres el fuego o el viento, o la noche oscura que se apaga entre mis dedos.

Reiventarse

Voy a reinventarme cada vez que te vea. Para ser siempre tu amor nuevo con recuerdos viejos, tu alma nueva pero conocida, tu noche diferente cada dia. Voy a reinventarme para ser siempre tu primer beso y tu amor más lindo, tu último pensamiento, y tu primero.

Enamórate

Enamórate de un hombre que no sea yo. Que le apueste siempre a lo seguro que tenga buenos modales y no te falte el respeto ni en la cama. Enamórate de la clase de hombre que tu madre siempre quiso para ti. Alguien que esté a tu altura pero nunca vuele más alto y tenga los dos pies bien plantado sobre la tierra. Enamórate de un hombre que sueñe sólo cuando duerme, que no quiera más de lo que tiene y tenga hambre solo en la mesa. Un hombre de casa, más marido que amante, que le gusten los domingos y cuente los pasos al bailar. Que te traiga flores cada lunes y saqué la basura sin que se lo pidas. Un hombre constante, que te sorprenda sólo en cada aniversario. Un hombre de carne y hueso que crea que la magia es un truco de magos. Que bese tu piel y sin meterse debajo de ella, que no se sonroje o te desvista con los ojos. Que te dé la razón en vez de hacer que la pierdas. Que te abra la puerta, pero no habrá ninguna que no esté abierta. Que pida permiso y no disculpas, que no deje marcas, que no tenga tatuajes en cicatrices. Enamórate de un tipo que sea tu tipo, que alimente tu cordura, que no ronque, ni viole las reglas. Un hombre sin pasado, ni pecados, ni sentencias. Enamórate de cualquiera que no sea yo. Enamórate de un hombre que no tengas miedo a amar.

Buscaba...

Buscaba darte la paz, cuando me había enamorado de tu guerra. Y sin darme cuenta me convertí en tu prisionero y sin quererlo en tu prisión. Agitaba mi bandera blanca y te envolviste en ella solo para secar la sangre de tu piel. Ni yo, ni nadie, podría nunca librar tus batallas, ni yo, ni nadie, podría salvarte de ti. Y en esa guerra te tornabas de rehén, jugando a la paz sin querer ganarla. Otro daño colateral sin duda yo sería, sin querer salvarme de ti, ni del beso de tu muerte fria. Te dejaré una marca sin marca, sin sangre ni gloria, y seré eso que perdiste pensando que habías ganado.

No lo sabes todavía

Tú no lo sabes todavía, pero esta es la última vez que te escribo. La última vez que te encuentro en mi insomnio. La última vez que te busco en mi cama vacía.

Pero si tus ojos me miran. Si me miran y se posan en los míos, aunque sea por un segundo, sólo me basta ese segundo para volver a quererte.