Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

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Mi voz

En este mundo inquieto, moderno, apresurado, 
tomamos todo aquello que nuestro corazón deseaba -tú y yo, 
y ahora las velas blancas de nuestro barco están arriadas 
y agotada la carga del navío. 

Por ello, prematuras, empalidecen mis mejillas, 
pues el llorar es mi contento huido 
y el dolor ha apagado el rosa de mi boca 
y la ruina corre las cortinas de mi lecho. 

Pero toda esta vida atiborrada ha sido para ti 
solamente una lira, un laúd, el encanto sutil 
del violoncello, la música del mar 
que duerme, mímico eco, en su concha marina.

Apología

¿Es tu voluntad que yo crezca y decline? 
Trueca mi paño de oro por la gris estameña 
y teje a tu antojo esa tela de angustia 
cuya hebra más brillante es día malgastado. 

¿Es tu voluntad -Amor que tanto amo- 
que la Casa de mi Alma sea lugar atormentado 
donde deban morar, cual malvados amantes, 
la llama inextinguible y el gusano inmortal? 

Si tal es tu voluntad la he de sobrellevar 
y venderé ambición en el mercado, 
y dejaré que el gris fracaso sea mi pelaje 
y que en mi corazón cave el dolor su tumba. 

Tal vez sea mejor así -al menos 
no hice de mi corazón algo de piedra, 
ni privé a mi juventud de su pródigo festín, 
ni caminé donde lo Bello es ignorado.

¡Hélas!

Con cada pasión a la deriva hasta que mi alma
sea un laúd en cuyas cuerdas todos los vientos tañen.
¿Para esto renuncié
a mi sabiduría antigua ya mi austero control?
Mi vida es un palimpsesto
garabateado en alguna vacación de muchacho
con canciones ociosas para flauta y rondó
que solamente ocultan el secreto del todo.
Por cierto que hubo un tiempo cuando osé pisar
las alturas soleadas y de las disonancias de la vida
logré claros acordes para llegar al oído de Dios.
¿Está muerto ese tiempo? Mirad, con mi pequeña vara
apenas toqué la miel del romance,
¿y debo yo perder la herencia de un alma?

A mi mujer

No puedo escribir majestuoso proemio 
como preludio a mi canción, 
de poeta a poema, 
me atrevería a decir. 

Pues si de estos pétalos caídos 
uno te pareciera bello, 
irá el amor por el aire 
hasta detenerse en tu cabello. 

Y cuando el viento e invierno endurezcan 
toda la tierra sin amor, 
dirá un susurro algo del jardín 
y tú lo entenderás.

Cuando quiero intensamente a alguien

Cuando quiero intensamente a una persona, no digo su nombre nunca a nadie. Es como ceder una parte de ella. He aprendido a amar el secreto. Parece ser lo único capaz de hacer misteriosa o maravillosa la vida moderna para nosotros. La cosa más corriente puede ser deliciosa, si uno la oculta para sí. Cuando salgo de la ciudad ahora, nunca digo a nadie donde voy. Si lo hiciera, perdería todo mi placer. Confieso que es una costumbre tonta, pero en cierto modo parece aportar una buena dosis de romanticismo a mi vida. Supongo que usted piensa que estoy loco de remate, ¿no?