Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

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Su cuerpo

Permaneció de pie junto a la puerta, vestida solo con una toalla ceñida al cuerpo. Me miraba como si quisiera que yo la devorase, y eso acabó con mi resaca: el día no podía empezar mejor. Me dijo: «Me gustas mucho.» «¿Hasta qué punto?», dijo. «Hasta este punto», dijo, y la toalla cayó al suelo. Y la charla terminó.

Tu musa

Convéncete primero de que le caes simpático, de que lo pasa bien cuando sale contigo.
Llévala a casa luego, sírvele un par de copas y, en un momento dado, mordisquéale el cuello.
Unas veces querrá pasar al dormitorio,
otras alegará una indisposición y otras te contará su vida por entregas.
Muéstrale en cada caso la dosis de cariño que te pidan sus ojos. Sé generoso siempre.
Trata de conservarla como sea a tu lado.
Sin ella, sin tu musa, no eres nadie, poeta.