Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

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Sosiego

Como un ave de paso
te gano en ansia loca,
vagabundeando lento
en la isla de tu infierno.
Humedeciendo de sabor,
con boca y manos sabias,
los bordes de la hondura,
que, indócil, se revoluciona
en tormentas afectuosas
atrapando con nectarina
cadencia de suave cristal.
Y allí quedo, sin despertar,
perpetuo preso de esa flor
en la que anido en sosiego.

Sosiego

Como un ave de paso
te gano en ansia loca,
vagabundeando lento
en la isla de tu infierno.
Humedeciendo de sabor,
con boca y manos sabias,
los bordes de la hondura,
que, indócil, se revoluciona
en tormentas afectuosas
atrapando con nectarina
cadencia de suave cristal.
Y allí quedo, sin despertar,
perpetuo preso de esa flor
en la que anido en sosiego.

Te vienes

A veces, algo tuyo queda en mí,
adhesiva permanencia de gozos,
oportunidad  de más que perturba.
No hay otras manos en revoloteo
que ahoguen tan larga complacencia,
júbilo de viajes a último momento,
 y todo el gusto de haberte sentido.
Solazando resabios de días juntos,
suavidad de aguamieles candentes,
liberan, indecentes propuestas azules
en la victoria con que tu ausencia
me visita en esa permanencia
que aguardo hasta que te vienes.