Y a ti te debo esta risa tonta, mis ganas de enloquecer y mi deseo constante de no soltarte al menos en esta vida. Y sí, te declaro culpable de mi felicidad que es tan grande como tu magia o tu belleza, culpable de todo, pero más que nada, de ese lindo desorden de emociones que llevo en mi corazón de tanto amarte.
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