Y entonces llegaste tú, justo cuando no
quería nada y cuando el dolor no era
más que un profundo abismo lleno
silencio y oscuridad, pero me
bastó un poco de tu sonrisa
para volver a creer en el amor,
y fue por tu bonita forma de querer
que aprendí a soltar todos mis miedos.
Con tu ternura mis heridas florecieron de
la nada y entonces no tuve más remedio
que amarte, porque solo en tus brazos
pude experimentar la magia de coincidir.
J. Wailen
No hay comentarios.:
Publicar un comentario