Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

TENEMOS TODOS DOS VIDAS

DACTILOGRAFÍA

Solitario trazo, en mi cubículo de ingeniero, el plano,
firmo el proyecto, aquí aislado,
remoto hasta de quien soy.

Al lado, acompañamiento banalmente siniestro,
el tic-tac estallado de las máquinas de escribir.
¡Qué náusea de vida!
¡Qué abyección esta regularidad!
¡Qué sueño este ser así!

Otrora, cuando fui otro, hubo castillos y caballeros
(Ilustraciones, tal vez, de cualquier libro de infancia),
Otrora, cuando fui verdadero a mi sueño,
Hubo grandes paisajes del Norte, explícitos de nieve,
Hubo grandes palmerales del Sur, opulentos de verdes.

Otrora

Al lado, acompañamiento banalmente siniestro.
El tic-tac estallado de las máquinas de escribir.

Tenemos todos dos vidas:
La verdadera, que es la que soñamos en la infancia,
y que continuamos soñando, adultos en un sustrato de niebla;
y la falsa, que es la que vivimos en convivencia con otros,
que es la práctica, la útil,
aquella en la que terminan metiéndonos en un cajón.

En la otra no hay féretros ni muertes,
hay solo ilustraciones de infancia:
Grandes libros coloridos, para ver y no leer;
Grandes páginas de colores para recordar más tarde.
En la otra somos nosotros,
En la otra vivimos;
En esta morimos, que es lo que quiere decir vivir; En este momento, por la náusea, vivo en la otra…

Pero al lado, como acompañamiento banalmente siniestro.
Yergue la voz el tic-tac estallado de las máquinas de escribir.

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